sábado, 12 de agosto de 2023

Las Emociones Son Sólo Mensajes

Pintura de Neeraj Parswal

Todas esas emociones que no pediste y esos estados de ánimo que aparecen sin avisar no son tus enemigos. Son mensajes. Tu mente, esa parte más profunda que no habla con palabras, tiene una sola manera de hacerse escuchar: haciéndote sentir mal hasta que reacciones.

Puede sonar extraño al principio, pero tiene mucho sentido cuando lo ves en acción. Mira estos ejemplos y observa lo que tu mente intenta decirte:

  • Miedo a la oscuridad: Este lugar puede no ser seguro. Sácame de aquí.
  • Soledad: Necesito conexión. Acércate a alguien.
  • Rabia o rechazo hacia alguien: Esa persona me hace daño. No me obligues a seguir cerca de ella.
  • Ansiedad: No sé si puedo con esto. Necesito un plan, necesito sentirme más seguro.
  • Depresión: Algo importante se perdió. No voy a moverme hasta que lo reconozcas.
  • Amor: Esta persona importa. No la dejes ir.

Pasa lo mismo con cualquier emoción: son solicitudes, llamados a tomar acción. Y por eso, en el momento en que aparece una solución, incluso antes de que la apliques del todo, la emoción empieza a calmarse.

El hambre y el primer bocado

Seguramente lo has vivido: estás muerto de hambre, y apenas llevas el primer bocado a la boca, el hambre baja a la mitad. ¿Cómo es posible que tan poco cambie tanto?

Porque el hambre era un mensaje, y la presencia de la comida es la señal de que el mensaje fue recibido. Ya no necesita insistir con la misma intensidad.

Con la ansiedad ocurre exactamente igual. En cuanto escribes un plan, aunque sea básico, aunque todavía no hayas hecho nada, los niveles de angustia bajan notablemente. Tu mente recibió la respuesta que estaba esperando.

Responde antes de que se acumule demasiado

Ignorar lo que sientes, enterrarlo, dejarlo para después: eso puede convertirse en la fuente principal de la depresión.

Hay personas que enfrentan sus problemas en cuanto los identifican. Otras los empujan hacia adentro, los tapan, fingen que no están. Y cuando lo hacen durante demasiado tiempo, la mente responde con una oscuridad más profunda.

Imagina que escuchas a alguien gritar tu nombre, pidiendo ayuda con urgencia. Probablemente correrías. Ahora imagina que quien grita eres tú mismo. ¿Te darías la misma respuesta?

No dejes que los llamados de tu propia mente esperen demasiado. No tienes que resolverlo todo de golpe. Solo tienes que empezar a escuchar, y dar un primer paso en la dirección correcta.

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